Cuaresma  
         

 

    Hoy es primer domingo de Cuaresma. De chico, la Cuaresma me trasponía. Si no comprabas la bula -¡qué indigno chalaneo, por favor!-, tenías que hacer ayuno y abstinencia. Más de los habituales, quiero decir, porque eran tiempos de racionamiento y de penitencia por defecto. Comíamos bacalao y tortilla con trampa, que era un revuelto de harina y miga de pan, sin apenas huevo. Pero mejoraba la tortilla de “Tío Nel•lo”, un sucedáneo hecho de harina amarilla que, durante la guerra, se vendía en sobrecitos.

Desde el propio Miércoles de Ceniza, cuando el cura te recordaba que pulvis eris et in pulvis reverteris marcándote la frente con una cruz de ceniza de palma, yo soñaba con el Sábado de Gloria (el Domingo de Resurrección caía en sábado en aquella época absurda). Pobre de ti si te quitabas la ceniza al salir a la calle. En tiempos de nacionalcatolicismo, era de buen tono circular piadosamente todo el santo día con la frente tiznada.

Echábamos de menos el Jueves Lardero, precedente al Miércoles de Ceniza, y su generosa butifarra de huevo. Y el Carnaval, claro, aunque el franquismo lo hubiera reducido a una fiesta de disfraces para niños. El entierro de la sardina era el canto del cisne del jolgorio. Con impaciencia, cada semana cortábamos un pie al muñeco de la Vieja Cuaresma que teníamos colgado en casa. Siete semanas, siete pies. Con el último tijeretazo llegaba el padrino con la mona de Pascua. Aquello era vida.

AñO LITÚRGICO

El año litúrgico siempre fue enrevesado. Manda la Luna, que tiene ideas propias. Pascua de Resurrección se celebra el primer domingo después de la primera luna llena de primavera. Dado que el equinoccio de primavera llega cada 21 de marzo, Pascua cae siempre entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Este año será el domingo 4 de abril. O sea que Jueves Santo vendrá el 1 de abril y por eso el Miércoles de Ceniza ha sido el 17 de febrero, cuarenta días justos antes (de ahí el nombre de Cuaresma). Hoy es el primer domingo de Cuaresma o Cuadragésima, el domingo pasado fue Quincuagésima, el otro Sexagésima y el anterior Septuagésima. Explicado, se entiendo, pero vamos...

Cada año es diferente. El calendario escolar se resiente de ello: el segundo trimestre nunca tiene tres meses. De hecho, es aún más complicado, porque el año sidéreo no tiene 365 días, sino 365,256436918716. Ello se compensa añadiendo al año civil un día cada cuatro años (año bisiesto). Pero ya se ve que quedan aún sin compensar 0,006436918716 días por año. Entre esa desviación y el año lunar, que tiene 360 días, te puedes volver loco tratando de saber en qué día caerá Pascua en 2710, pongamos por caso.

A quién se le ocurriría lo de las fiestas móviles? A un alma enferma, seguro. Sabemos que fue en 325. La reforma gregoriana del calendario, efectuada en 1582, tuvo que absorber el sumatorio de los 0,006436918716 días por año no contabilizados a partir de 325. En aquel año, por ello, el día siguiente del 4 de octubre fue el 15 de octubre. Un cambio así resulta inimaginable actualmente. Tampoco tiene sentido la abstinencia de carne o huevos: el lujo es comer pescado, en especial bacalao. En cambio, seguimos con la absurda incoherencia de solapar calendarios lunares con solares. Suerte que no me lo hacían calcular de pequeño. La tortilla con trampa ya era pena bastante.

 
 

 

   
 
 
         
     
 
 
         
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