

| Fabricantes | ||||||||
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Me comenta Rosa Cullell que su abuelo se reconocía como fabricante. Nada de industrial o empresario. Él era fabricante y basta. De igual modo, en mi casa éramos trabajadores. Ni obreros, ni empleados: trabajadores. Sí, Catalunya era un país de payeses -nada de agricultores-, fabricantes y trabajadores. Los campesinos, los industriales y los obreros pertenecían a otro mundo, desde luego ajeno.
Las palabras no son gratuitas. En catalán no puede decirse “apear el tratamiento”, por ejemplo. Es difícil verter al castellano la expresión “llogar-hi cadires”. Las sociedades se dotan de sistemas lingüísticos que satisfacen sus necesidades expresivas y se remiten a sus referentes y valores. Por eso los idiomas no son intercambiables y por eso cuesta tanto traducir bien. Los cambios sociales, también por eso, causan mutaciones en las lenguas. El término fabricante ha caído en desuso porque los fabricantes han desaparecido. Los fabricantes eren menestrales laboriosos que habían agrandado su obrador. A menudo vivían cabe la fábrica. Eran los primeros en llegar y los últimos en irse. Levantaban la cadena de valor arrimando el hombro. Eran exigentes, pero raramente injustos. Sus hijos, nacidos acomodados, ya eran otra cosa: el abuelo gana, el hijo gasta, el nieto se arruina, dice el refrán. Los trabajadores también han desaparecido. Ahora son obreros desdibujados en una industria multinacional, operarios en un taller mediano o empleados de servicios. Todo cambió. Yo tuve una bisabuela sastresa (del Liceu, en concreto), una abuela tejedora (de redes) y una madre administrativa (en una hilatura). Clase trabajadora catalana de la de antes: industria textil y nada de feminismo, simple proletariado industrial urbano. Éramos así: fabricantes y trabajadores, incluso las mujeres. EMPRESARIOS El lado positivo de todo ello era la identificación con el trabajo bien hecho; el negativo, la escasa disposición para la escenografía empresarial moderna. La mayoría de nuestras fábricas eran talleres grandes, con más estructura técnica que empresarial. Muchas crecieron mal. O no fueron lo bastante grandes para competir en el mercado global, o no supieron navegar como gran embarcación y se dejaron comprar por barcos aún mayores. Ya no hay fabricantes y, si nos descuidamos, acabaremos sin empresarios industriales. Nos ha costado entrar a fondo en la R+D+i. Los fabricantes seriaban productos de raíz artesanal o lograban representaciones. Ser representante de una gran industria europea colmaba las ambiciones de la mayoría de nuestros fabricantes. Que alguien de afuera pudiera proponernos fabricar o representar nuestros productos sonaba a fantasía. Cuando ocurrió, y con productos tan básicos como el chupa-chups o el cola-cao, no lo podíamos creer. Tuvimos, y tenemos, una clase industrial esforzada, trabajadora y tímida. O sea, seria, conservadora y abierta. Los actuales herederos industriales de los fabricantes son de derechas sin ser reaccionarios. Por ello resultan más progresistas que una cierta izquierda española descendiente del campesinado preindustrial o de la empresa pública con las espaldas cubiertas. Una vez más, las mismas palabras significan cosas distintas según lenguas y contextos. Construir la sostenibilidad y el nuevo mercado laboral subsiguiente exige tenerlo claro. |
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